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Medicamentos y Embarazo

A finales de la década de los 50 se comenzó a usar la talidomida, un fármaco para tratar la ansiedad e insomnio, que también útil contra las náuseas y vómitos matutinos de las embarazadas. Los efectos no se hicieron esperar, poco a poco comenzaron a nacer en Europa, Japón, Australia y Canadá niños con graves malformaciones principalmente en los brazos y piernas. En 1961, se estableció que existía una relación entre el consumo de este medicamento y estas anomalías, así se descubrió que la talidomida era un teratógeno, o sea una sustancia que ocasiona alteraciones en el desarrollo del embrión.

Este caso emblemático, que marcó fuertemente a las generaciones que lo vivieron, no se ha repetido en los últimos años. Quizás, por esta situación es que quedó poderosamente impreso aquello de que las embarazadas no deben tomar medicamentos de ninguna clase. Pero esa idea ya debe ser erradicada porque los conocimientos y fármacos alternativos permiten que, incluso mujeres tratadas en forma continua por alguna enfermedad, puedan tener hijos.

Actualmente, se puede afirmar que hoy más que una tendencia a utilizar medicamentos en las embarazadas, se trata de no negarles el acceso a ellos, aunque la idea no es permitir libremente su uso. Toda futura mamá puede tomar medicamentos previa consulta con su médico y las pacientes con enfermedades crónicas deben planificar su embarazo, en conjunto con el médico tratante y el obstetra. Este concepto ha cambiado en los últimos años porque ahora una paciente diabética, operada del corazón, con lupus o una enfermedad autoinmune puede embarazarse.

Por razones éticas no se realizan estudios de los efectos que pueden producir los medicamentos en el desarrollo del embrión. Debido a esto, la FDA (Food and Drugs Administration), que es la agencia para el control de drogas y alimentos de Estados Unidos, ha clasificado los medicamentos en categorías, de acuerdo a su posible efecto sobre el producto de la concepción.

Además de usar esta clasificación, los médicos deben tener más conocimientos y tomar otras medidas para recetar fármacos durante la gravidez. El objetivo es tratar de utilizar la menor cantidad de medicamentos posibles, pero a la vez no negarlos. Puede ser que sobre algunos medicamentos no hayan estudios controlados que demuestren que no son peligrosos muestren riesgos. En estos casos, se analiza el tipo de molécula del principio activo, su mecanismo de acción y la etapa del embarazo en la que se va a usar Esa evaluación permite darlo con seguridad.

Para mujeres que presentan una enfermedad de base como una epilepsia, diabetes, hipertensión, antecedentes de trombosis, etc., es necesario, en la medida de lo posible, prepararse para el embarazo con el médico tratante de la enfermedad y el obstetra. Los médicos, en vez de negarles la maternidad, deben acompañarlas. La idea es trabajar en conjunto y planificar con las mejores condiciones posibles el embarazo.

A continuación se señalan el uso de fármacos en algunas enfermedades crónicas:

Enfermedades Crónicas y Embarazo

Epilepsia: Los fármacos anticonvulsivantes podrían tener un riesgo de teratogenia, pero es mucho mayor el peligro que corren los bebés de pacientes que convulsionan, como aborto, defectos en el cierre del tubo neural, hidrocefalia y espina bífida, por eso es mejor que se traten con los medicamentos menos dañinos.

Cirugía cardiaca y antecedentes de trombosis venosa: Estas pacientes usan anticoagulantes orales; eliminarlos aumenta el riesgo de sufrir trombosis y enfermedades asociadas de alta mortalidad. Se debe planificar el embarazo y cambiarlos por anticoagulantes por vía subcutánea, endovenosa o intramuscular, ya que los orales están contraindicados para los embriones.

Diabetes: El inadecuado control de la glucosa de la madre produce malformaciones cardiacas en el recién nacido, por lo que ella debe seguir su tratamiento idealmente con insulina; además recién han aparecido estudios que podrían autorizar el uso de determinados hipoglicemiantes orales.

Enfermedades autoinmunes: El lupus, por ejemplo, presenta un mayor riesgo de aborto, bebés de bajo peso, muerte fetal en el útero y parto prematuro. Se puede efectuar un cambio de terapia.

Depresión: El litio está contraindicado para el embarazo. Hoy en día la depresión y embarazo es frecuente y el ideal es manejar a la paciente con la menor cantidad de medicamentos posible.