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Procedimientos y técnicas de fertilidad

Las técnicas de reproducción asistida que implican fecundación en laboratorio, como la fecundación in vitro (FIV) y la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), comprenden varias etapas clave: la estimulación ovárica, la transferencia embrionaria, la criopreservación y el diagnóstico genético. Comprender cada una ayuda a afrontar el tratamiento con mayor claridad.

Transferencia embrionaria: paso final del tratamiento FIV/ICSI

Tras la fecundación, los embriones se mantienen en cultivo para evaluar su desarrollo y seleccionar aquellos con mejor calidad para su transferencia al útero. Los embriones viables no transferidos pueden criopreservarse mediante vitrificación para su uso en ciclos posteriores.

La transferencia embrionaria es un procedimiento sencillo y ambulatorio que consiste en depositar los embriones en el interior del útero mediante un catéter fino introducido a través del cérvix. Generalmente se realiza bajo guía ecográfica para asegurar una colocación adecuada. Es un procedimiento rápido, no requiere anestesia y suele producir únicamente molestias leves. Tras la transferencia, la paciente permanece en reposo breve y posteriormente puede retomar sus actividades habituales, evitando esfuerzos físicos intensos.

La preparación para la transferencia puede realizarse en ciclo natural o mediante tratamiento hormonal con estrógenos y progesterona para optimizar la receptividad endometrial. El momento de la transferencia depende principalmente de la calidad embrionaria y del estado del endometrio, realizándose habitualmente en día 3 o en estadio de blastocisto (día 5–6), cuando el endometrio presenta condiciones óptimas para la implantación.

Existen dos modalidades principales: la transferencia en fresco, realizada en el mismo ciclo en que se obtienen los embriones, y la transferencia diferida o criotransferencia, en la cual los embriones se transfieren en un ciclo posterior tras su vitrificación. En algunos casos, la transferencia puede cancelarse si no existen embriones viables o si el endometrio no presenta condiciones adecuadas para la implantación.

La calidad embrionaria es un factor determinante en el éxito del procedimiento, ya que los embriones de mejor calidad presentan mayor probabilidad de implantación. El número de embriones transferidos suele limitarse a uno o dos, con el objetivo de reducir el riesgo de embarazo múltiple, seleccionándose según la edad materna, calidad embrionaria y antecedentes clínicos.

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Criopreservación y vitrificación embrionaria

La criopreservación embrionaria es una técnica utilizada para conservar embriones obtenidos durante un ciclo de FIV que no han sido transferidos. Actualmente, el método de elección es la vitrificación, una técnica de congelación ultrarrápida que utiliza crioprotectores y evita la formación de cristales intracelulares que puedan dañar las células embrionarias.

Los embriones vitrificados se almacenan en nitrógeno líquido a temperaturas cercanas a −196 °C, permitiendo su conservación durante largos periodos sin afectar su viabilidad. Esta técnica ha mejorado significativamente los resultados reproductivos, ya que permite realizar transferencias diferidas y reduce la necesidad de repetir ciclos completos de estimulación ovárica, optimizando así la probabilidad acumulativa de embarazo.

Cuándo vitrificar embriones

Durante un tratamiento de fecundación in vitro (FIV), los embriones obtenidos tras la estimulación ovárica y fecundación pueden criopreservarse mediante vitrificación, ya que su cultivo en laboratorio es limitado a pocos días. Esta técnica se utiliza cuando no es posible realizar la transferencia en el mismo ciclo, cuando existen embriones sobrantes para intentos futuros, en programas de preservación de la fertilidad, durante estudios genéticos preimplantacionales o cuando se requiere sincronización entre donante y receptora.

La vitrificación ha optimizado los resultados de la FIV, aumentando la probabilidad acumulativa de embarazo y reduciendo la necesidad de repetir ciclos de estimulación ovárica, lo que disminuye el impacto físico y emocional del tratamiento. Consiste en una congelación ultrarrápida que expone los embriones a crioprotectores y temperaturas cercanas a −196 °C, evitando la formación de cristales que puedan dañar las células y permitiendo tasas de supervivencia embrionaria superiores al 90% tras la desvitrificación.

Este proceso se realiza bajo protocolos estrictos y requiere personal especializado, siendo posible rehidratar los embriones el mismo día de la transferencia para su uso clínico. Las tasas de embarazo con embriones vitrificados son comparables a las obtenidas con embriones en fresco, dependiendo principalmente de la calidad embrionaria y de la adecuada receptividad endometrial.

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Estimulación ovárica controlada (EOC)

La estimulación ovárica controlada (EOC) es un proceso fundamental en los tratamientos de reproducción asistida que consiste en la administración de medicamentos hormonales para estimular el desarrollo simultáneo de múltiples folículos ováricos y aumentar la cantidad de ovocitos disponibles. En el ciclo menstrual natural, solo un folículo alcanza la maduración y libera un óvulo; sin embargo, en tratamientos como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, se busca obtener uno o varios ovocitos según el tipo de procedimiento, con el fin de mejorar las probabilidades de fecundación y embarazo.

La estimulación se realiza mediante gonadotropinas, principalmente hormona folículo estimulante (FSH) y, en algunos casos, hormona luteinizante (LH), ajustando la dosis según características individuales como edad, peso, reserva ovárica y respuesta previa al tratamiento.

Durante el proceso, se realizan controles médicos periódicos mediante ecografía transvaginal y medición hormonal para evaluar el crecimiento folicular y ajustar el tratamiento de manera segura. Cuando los folículos alcanzan el tamaño adecuado, se programa la ovulación o la punción folicular según el tipo de tratamiento indicado. Además, suele administrarse progesterona para preparar el endometrio y favorecer la implantación embrionaria. La respuesta ovárica puede variar entre pacientes, por lo que la supervisión médica continua es esencial para optimizar los resultados y reducir riesgos como la baja respuesta o la hiperestimulación ovárica.

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Diagnóstico genético preimplantacional (DGP)

El diagnóstico genético preimplantacional (DGP) es una técnica complementaria a la fecundación in vitro (FIV) que permite analizar el material genético de los embriones antes de su transferencia al útero. Su objetivo principal es detectar alteraciones genéticas o cromosómicas y seleccionar embriones con mayor probabilidad de desarrollo normal, reduciendo el riesgo de enfermedades hereditarias, fallos de implantación y abortos espontáneos. Dependiendo de su finalidad, puede emplearse como diagnóstico genético preimplantacional para enfermedades monogénicas o como cribado genético preimplantacional para detectar alteraciones cromosómicas, como aneuploidías.

El procedimiento requiere la obtención de embriones mediante FIV, generalmente utilizando la técnica ICSI. Posteriormente se realiza una biopsia embrionaria para obtener células que serán analizadas mediante técnicas moleculares especializadas. Tras el análisis, se seleccionan los embriones sin alteraciones para su transferencia o criopreservación. Esta técnica está indicada en parejas portadoras de enfermedades genéticas, antecedentes de abortos recurrentes, fallos repetidos de implantación, edad materna avanzada o alteraciones cromosómicas conocidas. Aunque mejora la selección embrionaria y puede aumentar la probabilidad de embarazo evolutivo, implica manipulación embrionaria y puede generar limitaciones éticas o clínicas en determinados casos.

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