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La fertilización: del encuentro de los gametos al embrión

La fertilización consiste en la unión de un gameto femenino (óvulo) y un gameto masculino (espermatozoide). Ocurre una sola vez durante el ciclo menstrual, por lo que en la mayoría de las mujeres equivale a una vez al mes. Considerando que el período de vida reproductiva es de unos 35 años, la mujer solo estaría fértil alrededor de 400 días de toda su vida.

Para que la fecundación ocurra, es indispensable que exista un encuentro entre los gametos, que usualmente sucede dentro de la ventana de fertilidad de la mujer tras la eyaculación dentro del canal vaginal. El período de fertilidad comienza unos cuatro días antes de la ovulación y termina dos días después, disminuyendo significativamente la probabilidad de embarazo el día posterior a la ovulación.

En las trompas de Falopio, si la relación se ha llevado a cabo en período fértil, se encontrará el óvulo recién ovulado a la espera de los espermatozoides, que pueden vivir unas 72 horas en el aparato reproductor de la mujer. El óvulo, a partir de su salida del ovario, puede vivir unas 24 horas, con lo que el período fértil es de unos 4 días. Cuando el óvulo y el espermatozoide se encuentran ocurre la fecundación, la fusión de ambos gametos para dar lugar al embrión.

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Carga genética y recorrido del espermatozoide

Los espermatozoides contienen 23 cromosomas que, unidos a los 23 del óvulo, producirán un nuevo ser de 46 cromosomas. Uno de ellos, el cromosoma sexual, define el sexo: los espermatozoides con cromosoma X dan origen a una mujer y los que tienen cromosoma Y, a un hombre. Por tanto, es el hombre quien confiere el sexo al embrión.

De los millones de espermatozoides depositados en la vagina, alrededor de 1.000.000 llegan al fondo del útero y unos 100.000 a la parte distal de la trompa. El espermatozoide necesita unos 1.000 movimientos de cola para avanzar un centímetro; si la distancia del cuello uterino al final de la trompa es de 18-20 cm, requerirá unos 20.000 movimientos para llegar a unirse con el óvulo.

La velocidad del espermatozoide es notable: en proporción a la distancia que recorre, sería capaz de nadar tres kilómetros en veinte segundos, que es lo que tardan los espermatozoides líderes en llegar al final de la trompa. Los que no llegan a su destino o no logran penetrar el óvulo son destruidos en el tracto genital.

Unión del óvulo y el espermatozoide

El óvulo y el espermatozoide se unen en el tercio externo de la trompa (ampolla). Aunque el óvulo es rodeado por muchos espermatozoides, solo uno penetra en su interior, porque el óvulo reacciona rápidamente creando un bloqueo químico que impide la entrada de los demás. Si penetraran dos espermatozoides, se formaría un embrión de 69 cromosomas, incompatible con la vida. La creencia de que los gemelos son producto de la penetración de dos espermatozoides es totalmente falsa.

Fases de la fecundación

Penetración de la corona radiada: el espermatozoide atraviesa la capa de células que rodean el óvulo, denominada corona radiada.

Penetración de la zona pelúcida: el espermatozoide atraviesa la capa de glucoproteínas gracias al acrosoma que tiene en su extremo, que contiene enzimas hidrolíticas que disuelven esta estructura.

Fusión de membranas: cuando la membrana del espermatozoide entra en contacto con la del óvulo, se fusionan, y la cabeza, la pieza intermedia y la cola entran en el óvulo. Esta fusión induce cambios que impiden la entrada de más espermatozoides y forma el pronúcleo femenino. El masculino se forma cuando el espermatozoide avanza, se hincha el núcleo de la cabeza y la cola se desprende para degenerar.

Fusión de pronúcleos: los pronúcleos contienen la mitad de los cromosomas gracias a la meiosis. Una vez formados el pronúcleo masculino y el femenino, los cromosomas maternos y paternos se hacen visibles y se disponen juntos para dar lugar al núcleo del cigoto.

Desarrollo inicial del embrión

Las cargas genéticas del óvulo y del espermatozoide se unen para formar una célula con 46 cromosomas. A partir de ese momento comienza la división celular: de dos células se forman cuatro, luego 16, 32, y así sucesivamente, hasta formar la mórula. A ésta le aparece una cavidad interior que la convierte en blastocisto. Todo este proceso ocurre dentro de la trompa, mientras el óvulo fecundado se desplaza hacia la cavidad del útero.

El blastocisto entra en la cavidad uterina y ocurre un proceso llamado eclosión, en el que las células salen al exterior y se adhieren a las paredes del endometrio buscando implantarse. A partir de las células del blastocisto se formarán la placenta y todos los tejidos que darán origen al nuevo ser. En los siguientes 280 días de vida intrauterina ocurrirá un crecimiento celular extraordinario, que va de 2 células a un organismo completo.

Implantación del embrión

Tras la fecundación, el óvulo fecundado se llama cigoto. Éste se divide para dar lugar al embrión, que continúa dividiéndose y emprende su camino hacia el útero para que ocurra la implantación y, por tanto, el embarazo. Para implantar es necesario que se forme un blastocisto, con una masa celular interna (de la que se origina el embrión) y una capa externa de células (que formará la placenta). En la implantación, la capa externa contacta con el endometrio uterino y penetra en él para formar las estructuras placentarias que nutrirán al embrión y eliminarán sus desechos.

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Recuento de folículos antrales (RFA)

Desde la pubertad, cada mes se desarrollan un conjunto de folículos, pero solo uno llega al estadio ovulatorio y ovula un óvulo maduro; el resto se atrofia. Se distinguen varias etapas de desarrollo folicular: folículo primordial, primario, secundario, antral y preovulatorio (o folículo de Graaf). El folículo antral se caracteriza por la acumulación de líquido en su cavidad interior (el antro), lo que permite su visualización por ecografía transvaginal. Contar los folículos antrales da una idea aproximada de la reserva ovárica; el recuento es más fiable si se hace entre los días 3 y 5 del ciclo menstrual.

Análisis de hormonas femeninas

El ciclo menstrual está regulado por el eje hipotálamo-hipófisis-ovario. Cualquier anomalía en la liberación de hormonas de este eje puede alterar el ciclo y causar problemas de fertilidad; por ello, el análisis hormonal es clave. Existen dos partes en esta regulación: el control hipotálamo-hipofisiario y el control ovárico. Las hormonas hipofisiarias (FSH y LH) activan la liberación de las hormonas ováricas (estradiol y progesterona), que actúan sobre el útero y también sobre la hipófisis, activando o bloqueando de nuevo las hormonas hipofisiarias. Esto es lo que se conoce como regulación feed-back o de retroalimentación.