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Los tratamientos de fertilidad: inseminación artificial y FIV

La infertilidad afecta aproximadamente al 20% de las parejas y puede tener origen femenino, masculino o idiopático, asociándose a infecciones, alteraciones tubáricas, endometriosis y factores espermáticos. El desarrollo de la fertilización in vitro (FIV) y técnicas como ICSI, cultivo a blastocisto y diagnóstico genético han optimizado las tasas de embarazo, alcanzando actualmente entre el 30% y 40% por ciclo, consolidándose como una alternativa terapéutica segura y efectiva.

La inseminación artificial (IA)

La inseminación artificial (IA) es una técnica de reproducción asistida de baja complejidad que consiste en la introducción intrauterina de espermatozoides previamente capacitados, permitiendo que la fecundación ocurra de forma natural en las trompas de Falopio. Es un procedimiento ambulatorio, indoloro y mínimamente invasivo, que incluye estimulación ovárica controlada, inducción de la ovulación y soporte hormonal en fase lútea.

Puede realizarse con semen de la pareja (IAC) o de donante (IAD), con tasas de embarazo por ciclo entre 13–25% en IAC y 18–29% en IAD, aumentando de forma acumulativa tras varios intentos. Está indicada en infertilidad leve o moderada, como alteraciones ovulatorias, endometriosis leve, factor cervical, factor masculino leve o infertilidad de causa desconocida. Requiere trompas de Falopio permeables, adecuada calidad espermática y ausencia de infecciones activas.

La eficacia disminuye con la edad materna, especialmente después de los 35–36 años, y generalmente se recomiendan hasta 3–4 ciclos antes de considerar técnicas de mayor complejidad como la fertilización in vitro. Es una alternativa terapéutica segura, accesible y cercana al proceso reproductivo natural, con bajo riesgo de complicaciones, siendo el embarazo múltiple el evento adverso más relevante.

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La fecundación in vitro (FIV)

La fecundación in vitro (FIV) es una técnica de reproducción asistida de alta complejidad indicada en pacientes con infertilidad moderada o severa de origen femenino, masculino o mixto. Consiste en la obtención de ovocitos mediante punción folicular, su fecundación en laboratorio y posterior transferencia embrionaria al útero con el objetivo de lograr la implantación y el embarazo. La fecundación puede realizarse mediante FIV convencional, en la cual los ovocitos y espermatozoides se incuban juntos, o mediante inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), técnica utilizada principalmente en casos de alteraciones severas de la calidad seminal.

El procedimiento incluye estimulación ovárica controlada para inducir el desarrollo de múltiples folículos, aspiración folicular bajo sedación para la obtención de ovocitos, preparación del semen y fecundación en laboratorio, cultivo embrionario y posterior transferencia de uno o más embriones al útero. Los embriones viables no transferidos pueden ser criopreservados mediante vitrificación, lo que permite su uso en ciclos posteriores y aumenta la probabilidad acumulativa de embarazo.

La FIV está indicada en diversas condiciones clínicas, incluyendo factor tubárico, endometriosis moderada o severa, alteraciones ovulatorias, infertilidad masculina moderada o severa, disminución de la reserva ovárica e infertilidad de causa desconocida. También permite el uso de óvulos o espermatozoides donados en casos de compromiso gonadal, azoospermia o ausencia de pareja masculina.

Las tasas de éxito dependen principalmente de la edad materna, la reserva ovárica y la calidad embrionaria. En mujeres menores de 35 años, la probabilidad de embarazo puede alcanzar aproximadamente el 40% por ciclo, disminuyendo progresivamente con la edad. Aunque la FIV ofrece mayores tasas de embarazo que técnicas de menor complejidad, implica mayor costo, uso de medicación hormonal y la realización de un procedimiento quirúrgico para la obtención de ovocitos.

En términos de seguridad, la FIV es considerada una técnica eficaz y ampliamente utilizada, aunque puede asociarse a riesgos clínicos como síndrome de hiperestimulación ovárica, embarazo múltiple, aborto espontáneo y embarazo ectópico. En la práctica médica, constituye una alternativa terapéutica fundamental cuando tratamientos de menor complejidad, como la inseminación artificial, no han sido efectivos o cuando las condiciones clínicas requieren una intervención reproductiva avanzada.

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Ventajas de la FIV

La fecundación in vitro (FIV) presenta elevadas tasas de éxito en comparación con técnicas de baja complejidad, lo que la convierte en una alternativa eficaz en pacientes con infertilidad moderada o severa. Permite el embarazo en casos complejos, incluyendo factor tubárico, endometriosis avanzada y alteraciones espermáticas significativas.

La incorporación de la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI) ha ampliado las posibilidades terapéuticas en factor masculino severo, como la azoospermia obstructiva o alteraciones marcadas en la movilidad y morfología espermática. Además, la FIV permite el uso de óvulos o espermatozoides donados, lo que brinda opciones reproductivas a pacientes con insuficiencia ovárica, baja reserva ovárica o ausencia de gametos funcionales. En general, es un procedimiento seguro, con efectos adversos poco frecuentes cuando se realiza bajo control médico especializado.